lunes, 8 de junio de 2015

Spot de radio


Introducción
Las imágenes construidas referentes a la etapa de envejecimiento en el ser humano presentan una orientación hacia lo negativo en relación tanto al deterioro mental como al físico, por lo tanto cuestiones como los hábitos adquiridos a lo largo de la vida se consideran determinantes, asimismo en cuestiones familiares a las personas viejas se les impone el rol de cuidadores sin tomar en consideración su opinión. Además de que en todo lo relacionado con el funcionamiento de su cuerpo se ha generalizado una cultura de medicalización.
Los sentimientos generados a partir de distintas emociones pueden propiciar alteraciones en la salud de todas las personas; en el presente trabajo nos enfocaremos principalmente en el grupo que abarca la edad de 60 años en adelante y estudiaremos la salutogénesis, una propuesta de la línea de la Promoción de la salud que se enfoca en descubrir qué origina la salud, partiendo de la premisa de que nadie puede estar cien por ciento sano pero tampoco enfermo y que todas las personas poseen recursos que les pueden permitir tomar decisiones, luego entonces entre los recursos se encuentran las habilidades para la vida, que son destrezas que se pueden desarrollar para lograr el mayor bienestar posible y que para su ejecución es necesario la práctica.
En la vejez, con la práctica de cada habilidad para la vida, se fortalecen aún más y representan un gran acervo que permite darle a la imagen del envejecimiento una dirección positiva que promueve una re significación de la misma.







Desarrollo
Vejez: envejecimiento, construcción social.
Desde un punto de vista biomédico, el envejecimiento es un proceso biológico que inicia cuando nacemos, sin embargo, el ser humano no sólo es biología, por lo que envejecer es también una construcción psicosociocultural, ya que la identificación que cada quien construye de sí mismo está en relación a la imagen que otros tienen de nosotros mismos, misma que a su vez está edificada en un sistema de creencias que presentan a los viejos como personas débiles, improductivas, etc. además estas connotaciones enfocadas a imágenes negativas de la vejez son la materia prima de los estereotipos actuales . (Gómez, 2003, pp.3-5).
La vejez es comúnmente asociada con rasgos y adjetivos que construyen imágenes negativas tanto en las personas que la viven como en las generaciones que transitan hacia ella. Entre las imágenes y representaciones que se le asignan a la vejez están: la tristeza, discapacidad, enfermedad, soledad, roles de género como la de abuelos cuidando de sus nietos, o viejos malhumorados, asexuados, excluidos del saber tecnológico, sin proyectos o metas ya que se da por hecho que van de “salida”.
 Mendoza  y Omaña (2013),  sostienen que la transición del concepto de vejez ha ido cambiando a partir de diferentes pautas culturales en donde “la población vieja” ha pasado de ser percibida ya sea como personas respetadas, como dirigentes, líderes o consejeros, a considerarse como lo último de la existencia, con deterioro en las capacidades; los roles desempeñados han perdido relevancia y se les han asignado roles que los ponen en desventaja. En lo laboral, después de jubilados es casi imposible posicionarse en otro empleo, en la familia son los cuidadores de niños. Aunado a esto, el término “viejo”  que bien podría utilizarse con una connotación de respeto (partiendo de la premisa de que todas las personas son dignas de respeto), cuando se refieren a alguien con tal denominación se hace con una connotación despectiva y denigrante, o en su defecto se les bautiza con sobrenombres que tienen connotaciones discriminatorias en donde implícitamente les dicen que estorban, como cuando les dicen:  robaoxígeno  o haciendo referencia a la muerte como cuando les dicen semilla ( porque la tierra los reclama).
En la tabla 1, se puede observar una recopilación de denominaciones para la vejez mismas que representan y refuerzan imágenes negativas de la misma, que de forma implícita ofenden y denigran, además de que presentan una tendencia sexista.
Tabla1.- Denominaciones para las personas adultas mayores
1. Abuelo
27. Cascarrabias
53. Matusalén
78. Semilla
2. Adulto en plenitud
28. Cebollón
54. Momia
79. Senecto
3. Adulto mayor
29. Centenario
55. Muchocho
80. Senil
4. Ancestro
30. Chocho
56. Muñeco
81. Septuagenario
5. Anciano
31. Correcaminos
57. Murciélago
82. Sesentón
6. Andropáusico
32. Cuando Don Porfirio era conscripto
58. Ochentón
83. Setentón
7. Anticuado
33. Cuando el árbol de Noche Triste estaba en maceta
59. Octogenario
84. Sexagenario
8. Antidiluviano
34. De ende queaque
60. Para el asilo
85. Tata
     9. Antiguo
35. De la edad de oro
61. Pasita
86. Vegetal
10. Añejo
36. De la pelea pasada
62. Pelo de nieve
87. Vejarrón
11. Años cansados
37. Decadente
63. Pergamino
88. Vejarruca
12. Añoso
38. Di antaño
64. Perruco
89. Vejel
13. Apolillado
39. Dinosaurio
65. Persona mayor
90. Vejento
14. Arcaico
40. Edad avanzada
66. Personas de edad avanzada
91. Vejestorio
15. Bejuco
41. El puré
67. Personas de la tercera edad
92. Vejete
16. Betabel
42. Entrado en años
68. Quinqué
93. Venus de Milo
17. Bisabuelo
43. Fósil
69. Raboverde
94. Vetarro
18. Bola de años
44. Gerásico
70. Rana
95. Veterano
19. Cabecita de algodón
45. Geronto
71. Relingo
96. Veterano de dos revoluciones
20. Cabecita blanca
46. Grande de edad
72. Retirado
97. Vetusto
21. Caduco
47. Huehue
73. Robaoxígeno
98. Viejazo
22. Canica
48. Inactivo
74. Rucailo
99. Viejillo
23. Cansado
49. Jubilado
75. Rucancán
100. Viejo
24. Canoso
50. Jurasico
76. Rucasiano
101. Viejo verde
25. Carcamán
51. Juventud acumulada
77. Ruco
102. Viejodido
103.Viernes
Fuente: Francisco y Enrique (2013, pp. 73). Denominaciones para las personas adultas mayores
La vejez, entonces representa hoy en día todo lo que nadie quiere o acepta, a pesar de que es un fin común (en caso de llegar a viejo) luego entonces la juventud pasa a ser vista como una etapa aceptada, exaltada y deseada.
En la misma línea, en un estudio chileno de Arnold-Cathalifaud et al. (2007), se concluyó que el hecho de la sobrevalorización de la juventud, se debe a que es una “aptitud” que se vincula con alcanzar el éxito, mismo que se fija según el estatus y dinero con que se cuenta, por lo que, el no tener juventud imposibilitaría las posibilidades del éxito, a la par de generar angustia o vergüenza. Esta construcción social genera en la vejez condicionamientos respecto a cómo debe ser esta etapa de la vida, además de que tienden a “normalizar” las imágenes construidas en las generaciones previas y producen temor, además de que generan las expectativas de su cómo será su propia vejez.
En lo que se refiere a México, al igual que su vecino del norte, ha surgido un modelo de desarrollo que según Daniela (2007, pp.3), relaciona el éxito con solvencia económica, lo cual refuerza el individualismo y deja de lado la convivencia y en donde los logros personales se miden a partir de bienes materiales, para lo cual es necesario contar con competencias propias de la juventud o adultez temprana, ya que es sólo en éstas donde se considera que es posible obtener logros y gratificaciones, hecho que hace indeseable llegar a viejo.
Las imágenes que construyen ideas negativas acerca de la vejez tienen la tendencia a privilegiar primero el crecimiento, después en forma ascendente la juventud vista como el clímax para después descender hacia la vejez, entendida como el momento de la decadencia.
Para Daniela et al., (2007), los imaginarios sociales son esquemas socialmente construidos, que nos permiten percibir, explicar e intervenir,  lo que cada sistema social diferenciado  tenga por realidad (pp.4); realidad que se establece a partir de las cualidades y atributos, supuestos en torno a un grupo o individuos, mismos que determinan una opinión o comportamiento (Daniela et al., 2007, pp.5).  
Al respeto, Gómez (2003), sostiene que “la percepción de una sociedad respecto a la vejez se puede observar a partir de qué y cómo se expresa de ella en todos los ámbitos, si se omite o estigmatiza” (pp.31).
Luego entonces, según Daniela et al. (2007, pp.3) las imágenes y expectativas que sobre la vejez se instalan en nuestra sociedad y sus consecuencias tienen relación en qué y cómo este grupo es integrado y valorado, además con la forma en que los actuales adultos mayores perciben y experimentan su etapa de vida y, especialmente, en cómo las nuevas generaciones, los jóvenes particularmente, visualizan su propia vejez.
Estableciendo entonces que la vejez no sólo es resultado de un proceso de desgaste fisiológico, sino también de una construcción psicosociocultural  en donde de acuerdo a Gómez (2003, pp. 40) “La persona mayor elabora las imágenes y representaciones sociales con los datos que recibe de su entorno y las proyecta en la pantalla de su autoimagen personal”.
Considerando lo anterior es necesario re conceptualizar la construcción cultural  del envejecimiento vigente, considerando que las personas que han vivido más tienen consigo un gran acervo de experiencias relacionadas con todos los aspectos de la vida y la sociedad, reforzando todos los aspectos positivos que tiene el ser “viejo/a” lo cual, implicaría no potencializar imágenes de la vejez en donde se observen deficiencias físicas o mentales, entre otras que implícitamente anuncian un inevitable deceso.
En relación a lo anterior Gómez, (2003, pp.38) señala que el modelo de deterioro (fig. 1) indica que “la construcción social negativa viene marcada como deterioro o involución, donde a partir de cierta edad todas las capacidades se deterioran de forma irremediable”. La línea representa todas las capacidades y su deterioro en conjunto al llegar a la vejez.
Fig. 1: Modelo de deterioro
Fuente: Gómez (2003, pp38-39)
Asimismo Gómez, (2003, pp.39)  propone que el modelo de deterioro no presenta una construcción real de la vejez ya asegura que
Hoy se sabe que esta concepción está distorsionada porque el cambio que se produce no es solo en la dirección de pérdidas además de que tampoco es irreversible, ya que mientras unas capacidades de hecho se deterioran, otras en cambio se mantienen y enriquecen.
En la fig. 2 se muestra precisamente la idea anterior, el modelo de evolución de capacidades, en donde cada línea representa una capacidad diferente y su proceso en las diferentes etapas de la vida, así unas capacidades se deterioran sí, pero otras en cambio se refuerzan.
Fig. 2: Modelo científico actual: Evolución de capacidades.
Fuente: Gómez (2003, pp.39)
Entender la vejez, como una etapa más de la vida que conlleva además de perdidas, ganancias es necesario para construir imágenes positivas que contribuyan con los que están cursando ésta etapa y los que van paulatinamente hacia ella.
La vejez y la salud
El envejecimiento poblacional a partir del incremento en la expectativa de vida es un tema del que se hablará mucho en México, por lo que Gómez y Sesma (2011), plantean que se prevé que para el 2050 la cuarta parte de la población nacional pertenezca al grupo de personas de más de  60 años, mismas que se sitúan en el perfil epidemiológico que se caracteriza por el aumento de la prevalencia e incidencia de enfermedades no transmisibles. 
Con lo que se puede apreciar, que el enfoque de la problemática en cuestión de salud de la población en etapa de vejez, es el aumento de las enfermedades y como estrategia se utiliza el conocimiento de su origen, es decir la patogénesis, al respecto es importante considerar un cambio en el enfoque biomédico predominante, mismo que se asocia al término “salud” cuando en realidad lo que trata es la enfermedad, una enfermedad específica en cuanto a características fisiológicas, luego entonces los servicios de “salud” son especialistas en  la enfermedad y su génesis, siendo su campo de acción el cuerpo humano. Es decir, en teoría conocen el origen de una determinada enfermedad  a partir del conocimiento de varias teorías, como la de monocausalidad, multicausalidad entre otras que tienen en común el referente causa- efecto.
Considerando lo anterior Agost y  Martin (2012, pp.3), coinciden en que una alternativa viable que lleve a mejorar, conservar o recuperar la salud, debe apostar por conocer cuál es su origen, el origen de la salud, es decir  la salutogénesis. Por lo que partiendo del término como tal, la salud, además de la estática definición de la OMS (Organización Mundial de la Salud), recientemente se ha relacionada con aspectos además de objetivos, subjetivos, tales como: sentirse bien, luego entonces se considera que el concepto de salutogénesis se dirige y enfoca en  la identificación y provisión de los diferentes recursos  que generan salud o bienestar, como el papel de lo social y lo psicológico.

Salutogénesis: origen
El origen del paradigma salutogénico, se remonta a partir de los cuestionamientos del médico sociólogo Antonovsky,  relacionados con la génesis de la salud, para lo que primeramente se cuestionó el enfoque patogénico y posteriormente “propuso entender la salud como un continuo de salud-enfermedad. En este continuo identificó dos polos: el bienestar (salud) y el malestar (enfermedad)” (Rivera de los santos, Ramos, Moreno & Hernán, 2011).
Antonovsky, partió de la premisa de que no es posible que un organismo vivo logre ninguno de los polos extremos del continuo, con lo cual la total salud o total enfermedad no existe. Para realizar su investigación utilizó tres preguntas que fueron claves en la fundación de su teoría: siendo la primera ¿Por qué las personas se mantenían saludables a pesar de estar expuestas a tantas influencias perjudiciales?, la segunda ¿Cómo se las arreglan para recuperarse de enfermedades? Y la tercera ¿Qué tienen de especial las personas que no enferman a pesar de la tensión más extrema?
“Antonovsky considera que la salud no es un estado de equilibrio pasivo, sino más bien un proceso inestable, de autorregulación activa y dinámica. El principio básico de la existencia humana no es el equilibrio y la salud, sino el desequilibrio, la enfermedad y el sufrimiento. Es decir, la desorganización y la tendencia hacia la entropía están omnipresente en el organismo humano, como en cualquier otro sistema(Rivera de los santos et al., 2011).
Rivera de los santos et al., (2011), sostienen que según Lindstrom y Eriksson, los conceptos fundamentales que Antonovsky desarrolla con esta teoría son el concepto de Recursos Generales de Resistencia (RGR) y el Sentido de Coherencia (SOC). Siendo parte del primero (RGR): el dinero, el conocimiento, la experiencia, la autoestima, los hábitos saludables, el compromiso, el apoyo social, el capital cultural, la inteligencia, las tradiciones y la visión de la vida, es decir los factores o recursos biológicos, materiales y psicosociales que  facilitan la percepción de una  vida coherente, estructurada y comprensible.
El segundo el (SOC), es  el saber cómo utilizar los primeros ya que no basta sólo con tenerlos los recursos sino que la capacidad de decidir a su vez, tiene que ver con la capacidad de percibir que es posible manejar una determinada situación a pesar de los factores involucrados “Un uso óptimo de los Recursos Generales de Resistencia da lugar a que las experiencias vitales se conviertan en promotoras de un nivel alto de SOC.
Para representar cómo los recursos y la capacidad de decisión promueven salud Antonovsky, hace una analogía de la vida con un río que arrastra a las personas con su corriente (fig. 3)  en donde “el objetivo no se centraría en “salvar” a las personas, sino en conseguir que naden bien, para no ser arrastrados por dicha corriente”. Para lo que se han desarrollado estrategias de atención, tratamiento, prevención y educación que van de la promoción de la salud, que sería la primer estrategia antes de llegar a la enfermedad pero también en caso de tenerla para lograr una mejor calidad de vida antes de llegar a la muerte.
Según Lindstrom y Eriksson, el modelo salutogénico sería una buena base de fundamentación para la Promoción de la Salud, por tres razones principales: en primer lugar, porque el foco se coloca en la resolución de problemas y en la búsqueda de soluciones; en segundo lugar, porque identifica Recursos Generales de Resistencia que ayudan a las personas a moverse en la dirección de salud positiva; y, en tercer lugar, porque identifica un sentido o discernimiento global y omnipresente en los individuos, grupos, poblaciones o sistemas.(Rivera de los santos et al., 2011).
Fig.: 3 Analogía de un rio con vida y de las estrategias que ayudan a no ser arrastrados por la corriente
Fuente: Rivera de los santos et al., (2011).
Es decir la promoción de la salud desde un enfoque salutogénico,  se enfoca en  las acciones para originar salud, en promover la participación de la personas en sus decisiones a partir del conocimiento de sus recursos materiales, afectivos, biológicos, etc. para a partir de ello aprender a tomar las decisiones que refuercen sus condiciones de bienestar.
Retomando los (RSR) es necesario conocer los recursos o activos con los que cuentan las personas, estos recursos se dividen dos. Externos e Internos, siendo los primeros: el dinero, el apoyo social, el capital cultural, las tradiciones, etc. y los segundos: el conocimiento, la experiencia, el compromiso, la inteligencia y las habilidades para la vida.
Habilidades para la vida
La OMS en 1993, propuso un modelo que permitiera a las personas desarrollar las competencias que le ayudaran a afrontar los retos de su proyecto de vida, denominando a esas destrezas como habilidades para la vida que son diez: autoconocimiento, empatía, comunicación asertiva, relaciones interpersonales, toma de decisiones, manejo de problemas y conflictos, pensamiento creativo, pensamiento crítico, manejo de emociones y sentimientos y manejo de tensiones y estrés (Mantila, Chahín y Herrera, 2013) .
Observado cada habilidad para la vida, más detalladamente tenemos que:
El autoconocimiento: significa conocernos a nosotros mismos de manera más profunda, nuestro  carácter, identificar nuestras fortalezas, oportunidades actitudes, valores, gustos y disgustos.
La empatía: El llevarla a cabo es tener oídos atentos y abiertos, escuchar a otras personas sin involucrar nuestros propios juicios, para así lograr una conexión con las otras personas.
La comunicación asertiva: Reconocer las propias necesidades como lo que se quiere, se siente, piensa y necesita para expresarlo en el momento adecuado, con el tono necesario para no imponer o agredir a nadie. Es importante considerarnos a nosotros mismos y no dejar de lado nuestras propias necesidades, así como escuchar las necesidades de los demás.
Las relaciones interpersonales: Tomar en cuenta y conservar las relaciones interpersonales significativas basadas en el respeto y que buscan el bienestar mutuo, además de ser capaces de terminar con las cuales impiden el crecimiento personal.
La toma de decisiones: Ser conscientes y responsables sobre las consecuencias de cada decisión. Es por ello que es importante conocernos a nosotros mismos para tomar decisiones que antes de perjudicarnos y perjudicar a los demás nos ayuden en un crecimiento personal.
El manejo de problemas y conflictos: Es el saber cómo manejar una situación para salir adelante a través de una serie de pasos basados en el cuidado de uno mismo y de los demás. Asimismo los problemas y conflictos  son  experiencias de las cuales se aprenden cosas que te enseñan a resolver  con mayor rapidez y tolerancia.
El pensamiento creativo: Es lo que cada persona puede realizar sin importar la edad, y sexo, a través del  fortalecimiento de  habilidades y experiencias de cada persona.
El Pensamiento crítico es fortalecer  habilidades  como: el ver, escuchar, conocer, cuestionar, para así  formar una concepción  respecto a la verdad.
El manejo de emociones y sentimientos: Se refiere a ir a través de las etapas de la vida de manera empática, positiva y adaptativa con las demás personas, lo cual mejora la relación de la vida misma y  entre otras personas.
Finalmente el manejo de tensiones y estrés: Se encamina al reconocimiento de la tensión y el estrés que se presenta en determinado momento, para que de alguna manera se puedan conocer y manejar con facilidad concluyendo con una obtención de beneficio (Mantila, Chahín y Herrera, 2013).
Re significación de la vejez
El desarrollo de las habilidades anteriormente descritas ayudan a dotar a los seres humanos de conocimientos y capacidades que les permitan enfrentar las problemáticas que se suscitan al trascurso de la vida, además de tener como objetivo principal aumentar la calidad y el bienestar tanto interno como externo de los seres humanos.
La utilización de este tipo de conocimientos y destrezas requiere de práctica constante y  permiten además de enfrentar los retos actuales de la vida, mejorar las relaciones familiares, profesionales, de pareja, de amistad, comunitarias y consigo mismo. Por lo que en la etapa de vejez las personas habrán tenido la oportunidad de practicar y pulir detalladamente varias de las habilidades antes mencionadas, lo que permite un aumento de la potencialidad referente a las habilidades para la vida que les brinda una la oportunidad de vivir en plenitud.
Urrutia, A. N. y Villarraga, G. C. (2010), sostienen que la vejez hay que aceptarla y disfrutarla como cualquier otra etapa del desarrollo humano. Para ello es indispensable reconocer las vivencias emocionales, El autoconocimiento nos permite un mayor control de nuestra persona, reconocer las limitaciones para que puedan ser recompensadas o corregidas, y algunas otras aceptadas como la pérdida de atributos relacionadas con la belleza corporal, tomando en cuenta que en cada etapa se tienen pérdidas y ganancias; una medida para la aceptación es la re significación de la belleza, reajustar el ritmo de la actividad al reemplazar o abandonar actividades por otras más aptas, igualmente placenteras y que pueden ser fuente de emociones positivas.
En lo que se refiere a la empatía ayuda a entender a las personas de otras generaciones, donde a pesar de la diferencia de edades pueda existir una comunicación. Es importante ver que puede significar un gran reto sobre todo para las persona en etapa de la vejez, el no imponer un pensamiento o hacer juicios sobre el otro, en lugar de ello aprovechar la empatía en beneficio propio para ser más sensible y aceptar el sentimiento ajeno como legítimo.
En la misma línea la comunicación asertiva es una tarea importante para el viejo /a es cuidar de su salud y el adecuado manejo de las situaciones conflictivas genera un bienestar, no se trata de reprimir el sentimiento, sino de ser capaces de expresarse con el menor daño posible.
Una persona en la etapa de la vejez puede funcionar como un experto en las relaciones interpersonales, al utilizar de manera emocionalmente inteligente la capacidad de relacionarse afectivamente con los otros tomando en cuenta sus sentimientos y controlando los propios. Aunado a esto la condición con la que cumple de ser la persona de más edad y que tiene la intención de transmitir su experiencia con el propósito de ayudar, apoyar y evitar fracasos y en muchas ocasiones aliviar el dolor, por lo cual para tener un buen resultado debe ser persuasivo, no invasivo, así manteniendo su papel de guía.


Conclusión
La vejez, es una etapa que conlleva la continuación de  varios procesos que se iniciaron al comienzo de la vida, algunos como el fisiológico pueden representar un desgaste mayor pero otros como las habilidades para la vida se siguen perfeccionando y ésta es la construcción positiva sobre el la imagen del envejecimiento que se debe enfatizar para darle un nuevo significado que considere todos los recursos con los que se cuenta en la vejez.
Las habilidades para la vida representan un tesoro acumulado a lo largo de la vida por lo que l@s viej@s, son portadores de una gran riqueza y deben reconocerlo para continuar su proyecto de vida viviendo el mayor bienestar posible.
La promoción de la salud desde un enfoque salutogénico, permite primeramente la visualización y concientización de los recursos con que cuenta para a partir de éste conocimiento se genere autonomía y empoderamiento que son herramientas básicas para el generar salud.
La atención de la población en etapa de vejez representa además de un desafió por la transición epidemiológica, también una oportunidad de vislumbrar la opción de la promoción de la salud como una alternativa viable.









Referencias
·         Agost, F. M. y  Martin, A. L. (2012). Acercamiento al papel de los procesos de exclusión social y su relación con la salud. Rev Cubana Salud Pública. vol.38. n.1  en: <http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-34662012000100012&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0864-3466.
·         Arnold-Cathalifaud, M., Thumala, D., Urquiza, A., & Ojeda, A. (2007). La vejez desde la mirada de los jóvenes chilenos: estudio exploratorioÚltima década15(27), 75-91. Recuperado en 30 de marzo de 2015, de http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-22362007000200005&lng=es&tlng=es.
·         Gómez, C. T. (2003). Heteroestereotipos y autoestereotipos asociados a la vejez en Extremadura. (Tesis doctoral)  
·         Gómez, O., Sesma, S. (2011). Sistema de Salud en México. Rev. Salud Pública de México, vol. 53, suplemento 2, pp.220-232.
·         Mantila, C. L., Chahín, P. I. y Herrera, P. G. (2013).Habilidades para la vida. México: Edex
·         Mendoza, D .F. y Omaña, M. E. (2013). Cuéntame de los abuelos. Estudio de marginación y relatos testimoniales de la población adulta mayor del Distrito Federal. México: Instituto Nacional de Geriatría.
·         Rivera de los santos, F., Ramos, V. P., Moreno, R. C.,  y Hernán, G.M. (2011). Análisis del modelo salutogénico en España: aplicación en salud pública e implicaciones para el modelo de activos en salud. Rev. Esp. Salud pública. vol.85, n.2, pp. 129-139.
·         Ruano, C. L. y Merce, V.E. (2014).  Estado actual de la salutogénesis en España: quince años de investigación. Enferm. glob.  vol.13, n.34, pp. 384-394. ISSN 1695-6141.
·         Thumala, D. D. (2007). Imaginario Juvenil en la exclusión de los adultos mayores. XXVI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología. Asociación Latinoamericana de Sociología, Guadalajara.
·         Urrutia, A. N. y Villarraga, G. C. (2010). Una vejez emocionalmente inteligente: retos y desafíos. España: Universidad de Málaga. Recuperado de http://www.eumed.net/rev/cccss/07/uavg.htm
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Anexos
Guion de spot de radio
Voz principal: El sentido de la vida no se termina cuando se llega a la vejez, porque es ahí donde la experiencia habla por sí sola.
Niña Jimena: (Llorando)
Señor Juan: ¿Qué tienes? Por qué lloras Jimena
Niña Jimena: Ay don Juan, es que me caí
Señor Juan: ¡Ah! Es que tienes desamarradas tus agujetas, a ver te enseño a amarrarlas.
Niña Jimena: Si gracias
Pedro: Doña Magda, deme unas papas, que traigo algo en mi corazón.
Magda: Ahora qué traes Pedro
Pedro: Estoy enamorado y no sé si bien correspondido.
Magda: Pues pregúntale, no tengas miedo.
Pedro: Usted siempre tan sabía doña Magda, gracias (muaaac)
Voz principal: La vejez es sinónimo de experiencia, sabiduría y conocimiento. ¡Reconócelo!







Guion del spot televisivo
Las oraciones las dicen distinta personas en etapa de vejez y la palabra final la dicen personas de todas las edades.
La vejez es una etapa que brinda experiencias, a través de las habilidades que se adquieren con los conocimientos que te proporciona cada etapa de la vida, haciéndote transmisor de vivencias, sabiduría y experiencias para colaborar al diseño de proyectos de vida para nuevas generaciones.
El sentido de la vida no se termina cuando se llega a la vejez porque es ahí donde la experiencia habla por si sola.
El reconocimiento y re significación de la vejez trae consigo mismo un reencuentro que brinda plenitud y tranquilidad.
La vejez es sinónimo de experiencia, sabiduría y conocimiento
¡Reconócelo!        















Tríptico